sillas hamacas para jardin

La tradición de la guerra de agua durante los Carnavales tenía muchos detractores. Salvo en un caso de extrema necesidad económica, cuando se vió obligada a vender Pentesilea al Estado venezolano, durante la presidencia de Juan Vicente Gómez. Consciente de la necesidad de preservar y resguardar el legado de su esposo -fallecido a los 35 años por tuberculosis-, ella donó antes de morir en 1958 todo el patrimonio pictórico que aún conservaba al Estado. Su gran legado. Un lugar, que no era más que un estacionamiento y un taller mecánico, pero que gracias a ella se convirtió en un espacio artístico referente de América Latina. Hasta que Felipe la invitó a ser parte del grupo de Facebook como administradora: “Cuando me incorporé, Felipe enfermó violentamente y ahora nos acompaña desde otro plano, dejando como legado esta hermosa iniciativa, que espero no defraudar”. Pero no siempre fue así, pues el edificio que lleva su apelativo nació como Museo de Arte La Rinconada en 1983 cuando abrió sus puertas.

Small Business Interior DIRECCIÓN: FINAL AVENIDA INTERCOMUNAL VALLE-COCHE, COMPLEJO CULTURAL LA RINCONADA. DIRECCIÓN: AVENIDA OCCIDENTE, URBANIZACIÓN SAN BERNARDINO, UNA CUADRA ANTES DEL IESA. DIRECCIÓN: ESQUINA DE URAPAL. En plena avenida Bolívar, un galpón de estilo industrial se muestra imponente en una esquina. El colofón es una silla de mano que perteneció a María de la Concepción Palacios y Blanco. Resalta por su piso ajedrezado en tonos blanco y negro, que recuerda a los cafés parisinos. El olor de Congo, Nigeria, Burkina Faso, Camerún, Malí, Guinea, Etiopía y Haití aún se huele en estas piezas que cuentan su historia y su grito de resistencia. Y no solo eso, ya que cuenta con accesorios desmontables como dos bandas de resistencia que permiten también ejercitar las piernas. “Es un léxico indígena, con el que nombraba a esta planta, que hoy se conoce como ‘pira’ y que en botánica llaman ‘amaranto’. Es el Museo de Arquitectura (Musarq), un edificio diseñado en 2005 desde el Ministerio de Cultura que tenía como uso inicial ser una Gran Tienda de Arte. Concreto, ladrillos, vayas publicitarias y vehículos que cruzan la avenida Blandín de La Castellana como si estuvieran compitiendo en Indianápolis.

Esta experiencia hay que vivirla. Al ver que no se cayó, el miedo por los edificios altos se perdió. Aunque fue creado en 1970, pocos lo conocen, ya que la exhibición se encuentra dentro del Palacio Municipal, que a su vez es sede de la Alcaldía del municipio Libertador. Hay un Simón Bolívar muy distinto a El Libertador y emancipador de cinco naciones. Un hombre de carne y hueso, cuyo primer ancestro en llegar a Venezuela lo hizo en 1559 y también se llamaba Simón. La segunda sala de exhibición muestra justamente las estructuras del poder de aquellos tiempos: una Venezuela de 975.000 habitantes en la que 16% de la población era negra o esclava; 18% indígena; 20% blancos criollos y 46% pardos. En 1998, el maestro pastelero Jean Luc Roucheray subió la santamaría de la pastelería francesa Galia y el tesón de Nellys Machado, su ayudante y actual propietaria, la mantiene abierta con el dulzor de los postres artesanales franceses y criollos.

Por eso que su nombre esté asociado a un edificio de estructura vanguardista, luce apropiado. Pocos transeúntes pasan frente a la estructura porque el tráfico vehicular es el que marca el ritmo de la zona. En este caso, la estructura se refuerza y se completa con un acolchado más fuerte, así como con un arnés de retención y unos anclajes especiales para el cinturón del vehículo. La primera sala era “el recibo” y, como en toda casa de familia, allí están los retratos de los parientes. En la primera sala de exhibición hay una hamaca del siglo XIX que perteneció a El Libertador. Macuro. Estuvo allí hasta marzo de 2009, cuando fue removida por la Alcaldía de Libertador para colocar otra de Ezequiel Zamora. Los relieves de Gariboldi están hechos en una técnica moderna para la época, que era la escultura en cemento, aunque existe la creencia popular de que se trata de mármol. Cada uno de los espacios del Museo Arturo Michelena responde a una función doméstica.

Era la casa donde el pintor Arturo Michelena vivió sus últimos días, junto a su esposa Lastenia Tello Mendoza, y se conserva como en aquel entonces. En ese mismo salón están las imágenes de sus padres: Juan Antonio Michelena y Socorro Castillo. Los ojos se pasean por las verduras y frutas frescas. El museo creció. Ya no solo abarca los espacios del “Estudio Michelena”, sino que ahora también cuenta con un anexo en el que se exhiben reproducciones sobre tela de las obras más significativas del artista. Y de haberse concretado el proyecto de El Helicoide, hubiese contado con el ingenio de este artista. Este espacio, que exhibe una colección de máscaras de culturas milenarias y aborígenes de África, traslada a un mundo donde lo chamánico se muestra a través de rostros relacionados con la naturaleza y los espíritus. Fue diseñado por los arquitectos Hugo Dávila y Pedro Mendoza en 1981 y construido en 1982 como parte de una ampliación del Instituto Nacional de Hipódromos, que buscaba un lugar para albergar su colección de arte.

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